martes, 1 de septiembre de 2009

Es la tecnología estúpidos !


Por José María Trillo


Casi de un día para el otro pasó lo menos probable. Hace unos pocos meses se auguraba que el precio del petróleo estaría a fin del año 2008, en el orden de los 200 dólares el barril. No era la predicción de algún gurú advenedizo, sino de los más prestigiosos economistas. Para ellos también la soja y en general los productos agrícolas, tendrían, al menos dos años de precios altos.

Nadie ha dejado de comer ni de circular en auto. No ha habido una guerra de esas que todo lo trastoca. Pero gracias a Dios el hombre sigue pensando. Y fue uno de ellos el que un día, tal vez viendo una parva de pasto volar en redondo impulsada por el viento en medio de una tormenta, desarrolló la rueda. Nada cambió en lo inmediato hasta que la empezó a usar para transportar las piedras, propias de su edad, lo cual tampoco produjo una gran transformación a nivel comunitario. El cambio vino cuando el vecino advirtió que los 200 esclavos que tenía para transportar piedras, con esto de la rueda, pronto serían innecesarios y que con 20 podría tener los mismos resultados. Se apresuró entonces a vender 180 esclavos y rápidamente otros comprendieron porqué lo hacía y lo imitaron, con lo cual el precio de los esclavos bajó abruptamente y sobrevino la crisis. Bajó el precio de las piedras y aumentó la demanda porque ante esto todos querían tener casas más grandes y a pesar de la rueda o gracias a ella, se necesitaron de nuevo más esclavos y el precio de éstos volvió a subir y una nueva era de prosperidad llegó, en la que se producían muchas más piedras porque el transporte era más simple y más barato.

La rueda que giraba en los ejes de las carretas es la misma que, portadora de imanes, produce electricidad. Muchos siglos después que nuestro ancestro desarrollara sus primeras aplicaciones, sus descendientes le seguimos encontrando otras y todo indica que no son las últimas.

Cuando Fulton le ofrece a Napoleón Bonaparte su método para aplicar la caldera de vapor a la navegación, éste le respondió o le hizo responder: " Para que sirve que un barco navegue sin velas ? ". Debemos reconocer que el gran corso, a pesar de su incuestionable genio, no estuvo a la altura del vecino del inventor de la rueda. Inglaterra sacaría buen provecho de esta oferta, al punto que parece difícil determinar si su primacía naval durante el siglo XIX se la debe a Trafalgar o a Fulton.

Y el hombre sigue pensando. En nuestros días, la versión actual de ese vecino visionario del inventor de la rueda, no puede contener su excitación. El motivo son las nuevas tecnologías. Se pregunta, por ejemplo, sobre el futuro de los medios de transporte con una creciente cantidad de gente que realiza sus tareas en su casa, sentados frente a una computadora hiperconectada y se dice: esto es sólo el principio seguramente pronto no se van a necesitar tantos automóviles, tantos restoranes en el centro, tantos trenes suburbanos.

Vemos que el Senado de los EEUU, para rechazar una ayuda para la industria automotriz usa como un argumento sustentatorio, que esta medida sería como "subsidiar a una fábrica de máquinas de escribir". En realidad es igual, lo que tenga que pasar pasará con ayuda o sin ayuda, la diferencia es cúanto se perderá innecesariamente en el camino.

La percepción es que la progresiva aplicación y difusión de la tecnología, que ya está disponible, producirá cambios sustanciales en los hábitos de vida, con gran incidencia en la actividad económica. Es muy posible que muchas cosas que hoy se producen simplemente dejen de tener real utilidad y consecuentemente carezcan pronto de valor comercial o éste se vea considerablemente disminuido.

El desafío es grande, tan grande como el temor que produce en algunos verse frente a esta realidad. Hay que preservar el empleo! claman los políticos que se sienten arrasados por masas de desocupados. Hay que emitir todo el dinero que sea necesario! piden los financistas quebrados por invertir en casas, en lugar de haberlo hecho en aplicación de tecnología.

Es muy difícil gestionar los procesos de cambio porque son pocos los que ven las ventajas de lo que viene y muchos los que se inquietan por las pérdidas que sufren en lo inmediato.

Lo cierto es que la historia de la Civilización es la de los cambios y las transformaciones. En la Rusia de 1917 se sacralizaron valores que años después hicieron crisis y mostraron sus grandes falencias. Hoy vemos también las del capitalismo. Sin embargo no parecen ser esas falencias las que producen los cambios, sino el advenimiento de nuevas concepciones fundadas en disponibilidades tecnológicas
previamente desconocidas.

Hoy vamos camino a sacralizar la tecnología, a creer con fe ciega que allí está el camino de la abundancia y de la posesión de bienes con un mínimo esfuerzo. Cada vez, para más gente no hay duda que quienes antes tomen esta ruta más rápido llegaran al paraíso terrenal.

Hery Ford, nos da una buena pauta para no ser muy pesimista sobre el futuro del individuo frente al avance tecnológico, cuando responde a la pregunta que le formulan sobre cúanto debe ganar un obrero: "lo necesario para comprar un Ford" dijo. Es una razón para sostener que aunque al Ford lo fabriquen máquinas con poca o nula intervención del hombre, el rol del actual trabajador como consumidor, deberá seguir siendo preservado, inclusive si su tarea desaparece, de lo contrario no tendrá sentido fabricar auto o bien alguno.

Aristóteles, con percepción premonitoria, salteó el juicio moral de sobre la esclavitud afirmando que subsistiría hasta que el uso de la aguja del telar funcione sola. Progresivamente el hombre ha luchado contra el trabajo penoso y se ha ido liberando de tareas que, para la gran mayoría, hacían de su vida un verdadero infierno. Su arma ha sido y es su intelecto. Hoy estamos frente a lo que nos sentimos inclinados a creer que es la culminación de este proceso, sin embargo más parece un escalón en ese camino, lejos de ser el último.

A pesar de las vicisitudes culturales y de empleo, que han de requerir soluciones tan innovadoras como las causas que las producen, avanzaremos inexorablemente hacia un mundo digitalizado, informatizado y robotizado.

Como Nación hay un tren que nos está esperando al que todavía podemos subirnos, no será así por mucho tiempo y es difícil que cuando parta venga otro, pero todo indica que las comunidades con peso y poder en el futuro inmediato serán las que viajen en ese tren.

Claro que, seguramente, no todas serán ventajas. Habrá también grandes falencias que veremos recién dentro de unos años, cuando se produzca la próxima crisis y nuevos productos del ilimitado ingenio humano nos hagan creer que otro mundo distinto y aún mejor es posible.

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