sábado, 26 de abril de 2008

DIPLOMACIA Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
DE LA INFORMACION


Por José María Trillo

Introducción

Los diplomáticos comparten con el gremio postal su Santo Patrono, San Miguel Arcángel, el comunicador. Durante siglos distinguidos portadores de buenas y malas nuevas de y para gobiernos y jefes de estado, fueron el medio elegido para forjar alianzas y declarar guerras, negociar la paz, concertar matrimonios reales y otras muchas intervenciones como vehículos transmisores de las aspiraciones de protagonismo de sus jefes políticos.

También supieron aprender a dar a cada comunicación el tono apropiado, de tal manera que sus palabras, dichas o escritas, fueran acompañadas de los gestos acordes en el discurso o la entrega de la nota. Una representación completa que no dejara dudas – si ello era lo que se quería – de cual era el mensaje y del grado de importancia que le asignaba el gobernante que lo emitía.

La historia nos enseña los grandes riesgos que significaba ser el enviado de un monarca ante algunas tribus bárbaras u otros que no lo eran, pero no dudaban tampoco en convertir a la cabeza del embajador, puesta sobre una bandeja, en respuesta contundente del rechazo de la propuesta. He allí la causa - entre otras de menor peso - del progresivo desarrollo de las inmunidades que culminaron dejando a los diplomáticos por completo fuera del alcance de las jurisdicciones locales, principios que hoy parecen algo exagerados y que sólo se entienden por el origen que tienen en los excesos, en sentido contrario, que hubo en el pasado.

Las notas redactadas con notable lujo de precisiones y cuidado estilo que dirigían los embajadores a sus cancillerías, remitidas en la ya casi desaparecida valija diplomática, fueron hasta bien entrado el siglo XIX la fuente principal de información sobre aquello que sucedía en los países donde tenían su sede y la base sobre la que se elaboraba la relación política con los gobiernos extranjeros. Los periódicos llegaban en los mismos barcos en que venían las valijas diplomáticas, con lo cual poco anticipaban al contenido de las misivas de los ministros residentes, rango que tenían asignado los jefes de las misiones diplomáticas de la época.

Los primeros cambios modernos

El telégrafo, el teléfono y el teletipo provocaron las primeras transformaciones al convertirse en medios nuevos para realizar comunicaciones en forma mucho más rápida y sencilla.Progresivamente fueron modificando los métodos del trabajo diplomático pero no dejaron de ser elementos instrumentales que incorporaron, en lo sustancial, contenidos preexistentes.
Los informes se enviaban por teletipo, si era necesario cifrados y el teléfono con todos sus inconvenientes en materia de seguridad, siempre era un complemento importante para precisar detalles o anticipar envíos, sin perjuicio que la falta de constancia de lo dicho le quitara funcionalidad administrativa.
Desde hace unos años, muy pocos en relación al tiempo que lleva de existencia el oficio, constatamos como las nuevas tecnologías de la comunicación y la información han transformado la forma en que se desplazan o mejor sería decir, se accede a las noticias.
Salteando, por ser todas ellas muy recientes, la descripción detallada de las diversas etapas por las que se pasó hasta llegar a la situación actual, se puede afirmar que hoy en día ninguna representación diplomática logra que su capacidad informativa, supere en contenido y amplitud, a la que tiene Internet. Inclusive en el nivel de información que antes se consideraba reservada.
Pensemos y baste este ejemplo entre los muchos que podríamos mencionar, que hasta hace poco tiempo seguía constituyendo tarea cotidiana de las embajadas remitir recortes periodísticos con los más destacados artículos publicados en la prensa local. Hoy se pueden leer todos los diarios de primer nivel del mundo, en sus ediciones locales o internacionales – publicados normalmente en varios idiomas – en la misma computadora donde luego seguimos trabajando. Las cancillerías no tienen que esperar que la embajada respectiva le informe.
Las páginas conteniendo información de fuentes no oficiales, conjetural o tendenciosa, con todas las precauciones que cabe tomar en su análisis, son cada día más numerosas y sorprendentemente, algunas de ellas aportan datos que resultan luego probados por los sucesivos acontecimientos. Así, es cada vez más raro que un embajador tenga otra información que la que figura sobre Internet y es probable que en el futuro inmediato desaparezca por completo esa posibilidad.

Las comunicaciones: también sobre Internet

Si pocas dudas quedan ya con relación al nivel de sustitución que significan estas nuevas tecnologías con relación al rol tradicional del diplomático como informante privilegiado de su gobierno, otro tanto sucede con la forma de comunicación entre las embajadas y sus cancillerías donde nuevamente la irrupción de Internet ha provocado cambios sustanciales.
A partir de fines de la década de los 80 los sistemas de intranet simplificaron y agilizaron notablemente las comunicaciones y vinieron a suplir los ruidosos teletipos, con ventajas evidentes. No pasaron muchos años hasta que se vieran desplazados por las funcionalidades, tanto de los distintos sistemas operativos como por la mucho mayor practicidad de la red global.

Acceder por Internet a servidores que cuentan cada vez con mayor capacidad de almacenamiento de datos y cuya velocidad que se incrementa de modelo en modelo, permite contar con archivos digitales de acceso inmediato y la posibilidad de combinar informes provenientes de las más diversas fuentes en lapsos de tiempo cada vez más breves.
El software que se requiere apunta a lograr el mayor y más rápido aprovechamiento ordenado del enorme cúmulo de información disponible y compartir esa sistematización entre las cancillerías y las embajadas realizando una tarea de conjunto que permita optimizar los resultados.

Los cambios en el ámbito consular

Mayores consecuencias aún tienen los aportes tecnológicos en el ámbito consular, actividad a la que se dedica casi un 40 % del personal del Servicio Exterior de nuestro país, donde los trámites y la atención al público en las diversas sedes que se esparcen por todo el mundo son la parte medular de su trabajo.
En este aspecto se ha avanzado bastante pero es aún mucho lo que queda por hacer y lo que vislumbramos que será posible con las nuevas incorporaciones tecnológicas que están por venir.

Desde hace unos años los consulados argentinos cuentan con sistemas interactivos que permiten la realización de trámites sobre Internet. Actos notariales, opciones de nacionalidad, formularios del Registro Nacional de las Personas, actos de Registro Civil, entre otros, son efectuados en base programas compartidos. Así se logra uniformar las distintas “jurisprudencias”, esto significa que los trámites sean realizados de la misma forma en todas las oficinas consulares ya que básicamente es el sistema el que los efectúa. Esto permite a las oficinas consulares prestar un más eficiente y rápido servicio a los requirentes, pero a pesar de ello el rol del cónsul sigue siendo determinante ya que a los sistemas a los que nos referimos, acceden sólo los funcionarios autorizados.
La etapa que sigue pasa por la posibilidad que quien requiere un tramite consular lo pueda hacer directamente a través de Internet. Técnicamente no hay impedimento para que por este medio se renueve un pasaporte, se prepare integralmente un acto notarial sin perjuicio que su firma se efectúe ante el cónsul, se registre una partida de nacimiento, se opte por la nacionalidad argentina o se tramite un DNI. También cabe desatar que una reforma de esta naturaleza se deberá insertar en algún modelo de gobierno electrónico, cuyo diseño y puesta en marcha es, en el caso argentino, una asignatura que todavía está pendiente.
Por otra parte, aún cuando proviniendo de un ámbito no vinculado con las nuevas tecnologías, ciertos acuerdos internacionales ayudan a simplificar los trámites consulares. Es el caso, por ejemplo, de la cada vez mayor de cantidad de países que forman parte de la “Convención de La Haya sobre supresión de legalizaciones consulares en documentos extranjeros” del año 1961, que ya superan el número de 80 – incluida la Argentina - y ha contribuido a que desaparezca en buena medida la legalización de documentos, que hasta hace pocos años era parte destacada de la labor consular, reemplazándola por la “Apostille” colocada por la administración local.
Es fácil concluir que todo ello trae una transformación importante en la forma de trabajo de los cónsules y en cierta forma elimina algunas de las que eran sus funciones en el pasado.- Sin embargo podemos afirmar que gracias a estos aportes de la tecnología, nuestra Cancillería ha podido asumir la responsabilidad de atender a un número creciente de residentes argentinos en el exterior, que según estadísticas confiables se ha cuadriplicado en los últimos años. Sin ellas, tal vez, las complicaciones hubieran sido significativas.

Los encuentros personales entre jefes de estado

Por cierto el rol de los diplomáticos va cambiando y otro elemento que contribuye a ello está también relacionado con las comunicaciones, pero en este caso físicas. La facilidad que brinda el desarrollo del transporte aéreo permite que se multipliquen los encuentros directos entre jefes de estado o gobierno y entre cancilleres y altos funcionarios que resuelven en forma personal los temas sustanciales. Es la llamada “diplomacia presidencial”. Así se acuerdan reuniones en forma directa, por llamados telefónicos, video conferencias o sistemas informáticos, entre dos jefes de estado, que luego tratan sus asuntos personalmente. Sin duda es el sueño concretado de muchos reyes del pasado que, impedidos por las limitaciones propias de las comunicaciones de la época, se veían siempre obligados a depender de sus embajadores en sus relaciones con sus pares de otros países, tal vez más allá de su deseo.

Conclusión

Las nuevas tecnologías pueden transformar el rol del diplomático pero en nada afectan a la diplomacia como medio de entendimiento entre estados soberanos, que por el contrario se ve enriquecida y fortalecida al contar con elementos nuevos que permiten un rápido y amplio espectro donde efectuar contactos. En cuanto a los funcionarios de los servicios exteriores, tienen frente a ellos el apasionante desafío de adaptarse - impronta fundamental de su oficio y una de las tantas definiciones de la inteligencia - y saber sacar el mayor provecho de los avances tecnológicos en beneficio de los intereses permanentes de sus países. Pareciera que este es el reto inmediato que tienen frente a ellos.

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